viernes, septiembre 09, 2005

C M

Muere lo apenas nacido gran señor,
Fugaz llega y se fue, recóndito e inalcanzable
Rumbo equivocado, alejándose, apartándolos.
La esperanza se transforma en espera,
Y esa espera en desesperación. La intemperie.
Cómo explicar la angustia, la impotencia.
Cómo, si apenas lo viste, breve, precario.
Ahora importa ser hombre, gran señor. Aún entre los escombros.
Ahora toca, una vez mas, construir, tu buen oficio.
Ahora la disposición y el mandato de convertir
Otra vez, a esa mujer en la gran dama que es, ineludible.
Ahora ya sabe que la puerta da a la nada. Tiraniza más no saberse.
Se sufre por la sangre frustrada, el odio abisal transita las venas.
De nada sirve preguntar, nunca hubo respuestas.
A la distancia, porque cerca no puedo, no debo estar,
Se lo ve comprensivo, tolerante, templado y terrenal, conteniendo,
No se golpea el pecho con las manos, no gime, ni los ojos se le nublan,
El dolor sordo no lo deja ver, está tan triste que no llora. No sostenga,
No confunda la piedra con el mar, el dolor con la llaga secreta.
Pase como nube, otra escribe sus trazos por el cielo.

Llénese de gloria y vanidad. Descienda hasta el mismo averno,
Llore en viejas iglesias, beba hasta emborracharse,
Maldiga a los santos del cielo, piérdase si es necesario.
La vida, que es verbo intransitivo, engendra invariablemente.

Que no se derrumbe la casa, constructor.
Destruya, demuela, derribe, fragüe fundamentos,
Que la nueva fortaleza no se mire en esos ojos ya lejanos
Suba a las altas soledades, queme el acunado nido.
Convídele crepúsculo a las viejas luminiscencias partidas,
Clarores de bahía, veranos de agosto ubérrimo,salpicando el pleno invierno.

Lo enternece el azul de una noche tranquila, sea lirio malva.
Funde otra vez el nuevo hogar, proyecte alianzas.
Repose, plante un ciprés, huela más flores, toque la tierra.

Estamos hechos de ausencias. Unos se fueron, otros no llegan aún.
Usted y yo, señor, bien sabemos que aunque, aparentemente,
Nunca estuvo, apenas lo tocaste, y siempre estará, siempre